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CURIOSIDADES | Hatshepsut, de princesa a faraona

Hatshepsut era la hija legítima de Tutmosis I y la Gran Esposa Real, Ahmose. La primera en la línea sucesoria. Sin embargo, en Egipto se excluía a las mujeres de la sucesión al trono, “por el hecho de que una mujer faraón era contrario al orden universal” (Marie, R. y Hagen, R. 2005).


No obstante, Hatshepsut desafió todas las leyes y costumbres del Estado egipcio para materializar sus ambiciones de poder convirtiéndose en la gran reina de la dinastía XVIII.

Gobernó el Alto y Bajo Egipto casi 22 años y durante su reinado se renovaron y levantaron palacios y templos tan impresionantes como el de Deir el-Bahari, pues temía más que nada caer en el olvido por haber osado proclamarse faraón siendo mujer.


Tras su muerte, y como ella sospechaba, trataron de eliminar toda referencia a su figura. Destruyeron su templo (actualmente reconstruido), desfiguraron sus estatuas e incluso su nombre fue borrado de la Lista de los Reyes... hasta que la arqueología la rescató siglos más tarde.

El templo de Hatshepsut o Djeser-Djeseru («el sublime de los sublimes»)

Poniéndonos en antecedentes, al inicio de su reinado como faraón, Hatshepsut se vio obligada a casarse con su medio hermano, el faraón, Tutmosis II. A la muerte de este, dejó como sucesor al hijo de una esposa secundaria y no a la heredera legítima, también una mujer, fruto del matrimonio con Hatshepsut.


Hatshepsut debería ejercer la regencia del futuro Tutmosis III, pero “en lugar de permanecer en un segundo plano como otras regentes que la precedieron y retirarse cuando este alcanzase la mayoría de edad, ella lo apartó del poder” (Marie, R., Hagen, R., 2005).


En el séptimo año de regencia Hatshepsut transforma su imagen femenina en la de un hombre, apareciendo en la iconografía en los actos civiles como un varón, así llega a proclamarse faraón.


Fue apoyada por los altos funcionarios de la Corte y el clero de Amón. En este momento, se produce un hito en la historia de Egipto, una corregencia entre un faraón, Tutmosis III, y una faraona, Hatshepsut.

A pesar de esta apariencia masculina, su condición femenina perduró en las inscripciones refiriéndose al faraón como "ella".


Sin embargo, el androcentrismo ha complicado estudiar la figura de la faraona pues “al igual que otras muchas mujeres importantes, la reina-faraón se enfrentó a detractores que la tildaron de calculadora, fría y ambiciosa. […] Cuando en las décadas de 1920 y 1930 fue excavado […] el templo de Deir el-Bahari, los arqueólogos interpretaron la historia de Hatshepsut como la de una malvada madrastra que arrebató el poder a su hijastro y osó apropiarse de los atributos regios” (Brown, C., 2009).


Ahora sabemos que Hatshepsut confirmó a Tutmosis en el trono, por lo que queda de manifiesto que no fue una usurpadora. Además, gobernó Egipto durante dos prósperas y pacíficas décadas, por lo que queda desmontada la primera teoría, ya que “Tal vez no fue fría maquinación lo que la llevó al trono, sino la certeza de que las acciones importan más que el género, y de que un gobierno inteligente acaba con los prejuicios acerca de quien merece gobernar” (Brown, C., 2009).


Hatshepsut fue faraona, su propia esposa real y recordada en la historia. Ya puede descansar tranquila, ¿no creéis?


Referencias:

- Marie, R. y Hagen, R. (2005). Egipto. Hombres-dioses-faraones. Taschen. Barcelona.

- Fernández Boo, F. y Martínez Abal, A. (2016). La historia que nos intentaron ocultar: Hatshepsut, la mujer faraón.

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